La MDA, a veces llamada «sass» o la «droga del amor», es el compuesto químico precursor de la MDMA y fue la primera sustancia de esta clase de entactógenos que se estudió. Al igual que la MDMA, es un liberador de monoamina, pero sus efectos se inclinan más hacia las alteraciones visuales y perceptivas asociadas con los psicodélicos clásicos, y duran considerablemente más.
En el único estudio controlado moderno en humanos, la MDA produjo aumentos robustos de la frecuencia cardiaca y la presión arterial y efectos autorreportados que compartían rasgos con la MDMA y los psicodélicos clásicos, con efectos aún elevados a las ocho horas (Baggott et al., 2019). Por ser más estimulante, más exigente para el sistema serotoninérgico y de mayor duración que la MDMA, la MDA se considera generalmente que conlleva un riesgo agudo comparable o mayor. Esta página es educativa y no constituye una recomendación de uso.