El cannabis (de Cannabis sativa y plantas relacionadas) contiene una familia de compuestos llamados cannabinoides. El principal intoxicante es el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol), que activa los receptores CB1 en el cerebro; otro cannabinoide prominente, el CBD, no es intoxicante y modula algunos efectos del THC (Volkow et al., 2014). El cannabis se consume fumado, vaporizado o en forma de comestibles, aceites y tinturas.
Los efectos suelen incluir relajación, euforia, alteración de la percepción y aumento del apetito, pero también — especialmente a dosis más altas o en usuarios sin experiencia — ansiedad y paranoia. El momento de aparición depende mucho de la vía: fumar actúa en minutos, mientras que los comestibles tardan en hacer efecto y duran mucho más, lo que hace frecuente el consumo accidental excesivo.
Aunque a menudo se percibe como de bajo riesgo, el cannabis no es inofensivo: puede causar dependencia, se asocia con un mayor riesgo de psicosis en personas vulnerables y plantea preocupaciones particulares en adolescentes y durante el embarazo (Volkow et al., 2014). Esta página resume su farmacología, efectos y riesgos, basándose en literatura revisada por pares y recursos de reducción de daños.