El ácido lisérgico dietilamida (LSD) es un compuesto semisintético y uno de los psicodélicos clásicos más conocidos. Se elabora a partir del ácido lisérgico, derivado de alcaloides del cornezuelo del centeno, y destaca por ser activo en dosis de microgramos, lo que lo convierte en una de las sustancias psicoactivas más potentes conocidas.
El LSD produce cambios marcados en la percepción, el estado de ánimo y el pensamiento que suelen durar entre ocho y doce horas. Es habitual que las personas informen alteraciones visuales, una sensación distorsionada del tiempo, emociones intensificadas y, en ocasiones, un cambio profundo en el sentido del yo. La naturaleza de la experiencia depende en gran medida de la dosis y del «set and setting» — el estado mental de la persona y su entorno.
Sintetizado por primera vez en 1938 y ampliamente estudiado en psiquiatría a mediados del siglo XX, el LSD fue posteriormente prohibido a medida que se extendió su uso no médico, y hoy es objeto de una renovada investigación científica. Esta página resume lo que se conoce actualmente sobre su farmacología, efectos, riesgos y prácticas de reducción de daños, basándose en la literatura revisada por pares y en recursos consolidados de reducción de daños.