La ibogaina es un alcaloide indólico presente en la corteza de la raíz del arbusto centro y oeste africano Tabernanthe iboga. En Gabón es central en la tradición espiritual Bwiti, donde el iboga se consume en ceremonias de iniciación. En entornos occidentales, la ibogaina ha llamado la atención por otra razón: estudios observacionales sugieren que un solo tratamiento puede reducir drásticamente la abstinencia y el deseo de opioides (Noller et al., 2018; Brown & Alper, 2018).
Farmacológicamente es inusual — una psicodélica «atípica» u oneirogeno que actúa sobre muchos sistemas de receptores distintos y produce un estado largo, onírico e introspectivo que dura bien más de un día, a menudo incluyendo una vívida «revisión de la vida». Sus efectos principales se median en parte a través de un metabolito activo de larga duración, la noribogaina.
Crucialmente, la ibogaina conlleva un riesgo cardíaco grave: puede prolongar el intervalo QT del ritmo cardíaco y desencadenar arritmias potencialmente mortales, y se han documentado muertes (Koenig & Hilber, 2015). Por ello solo debe considerarse con un cribado médico exhaustivo y monitorización continua. Esta página resume su farmacología, efectos y riesgos sustanciales.